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6 Diciembre 2006

cuentos del sur"me los trajo el viento"

ME LOS TRAJO EL VIENTO
{o cuentos del sur}

así es como conocí a José Cariman indio como comúnmente llamaba yo a los Mapuches, mas bien Lafquenche de cullinco bajo a orillas del río imperial Y en mis años de adolescencia me contó esta historia traída por los vientos patagónicos allá en Mendoza donde llego trabajar con mis viejos, en los tiempos de las juntas militares . fue en uno de esos días en que el zonda viento caliente , como pocos nos obligaba a buscar la sombra de los parrones y el frescor de una sangría.

COMO HERMANOS
DOS CRUCES TIENE EL CAMINO
En los años de su juventud el José, se engancho en las faenas forestales de la comarca andina por donde nace el Bio Bio, mas arriba de Malalcahuello, casi en la frontera, allí se encontraron por primera vez el che Osvaldo y el viejo Alfredo.
El argentino era grandote colorado medio chueco por lo que se adivinaba sus años de a caballo había llegado de Santa Cruz, donde en una pulpería de estancia, tras una partida de truco y la mirada verde y amistosa de la pulpera, partió en dos el corazón de un marido celoso , de el se podía adivinar los rasgos de un colono Gales y alguna criolla , con mezcla, que solo el sur puede crear y descifrar, peón de estancia era su oficio, pero después de la huelga grande en la que el gobierno de Buenos Aires, mando al territorio aun coronel y a su tropa a calmar a la peonada, compuesta de gauchos, de ambos lados de la cordillera de los Andes y uno que otro anarquista polaco, u otra latitud europea que reclamaban mejores condiciones laborales, cruzo las montañas y trabajo de domador, arriero, y termino como jefe de cuadrilla de la faena maderera, del camino de la Fusta.

El viejo Alfredo, en realidad no era tan viejo, pero su ceño siempre fruncido, su caminar ligeramente encorvado, y su mirada gris daban la idea de un hombre mucho mayor de la edad que realmente tenia.
Porteño de nacimiento, los cerros de Valparaíso acunaron su infancia y alcanzo a jugar en los bosques linderos, antes de que desaparecieran a manos del progreso, de esos tiempos debió datar su hambre de verde , que lo mantuvo de espaldas al azul marino en la rada del puerto . trato como pescador tras la huella de su padre y como marino mercante cual su hermano mayor, hasta que comprendió que el mar no era lo suyo, armo su morral y enfilo para Santiago, el cemento, lo asfixio en poco tiempo , se engancho en un tren a Chillan, donde un mal de amores, lo tubo atado, hasta que roto el encanto, una niebla húmeda y sureña lo recibió en el frió Temuco, de allí hasta Lonquimay, con sus madereras solo fue cuestión de tiempo.

El primer encuentro fue poco auspicioso el Oso y el Barón, los perros del uno y del otro se cruzaron, y a lo que es mordisco y gruñidos, se trenzaron en una pelea que solo el tiempo unos garrotazos y finalmente unos baldasos de agua fría lograron calmar los ánimos,
_asujete a su quiltro iñor no ve quel Oso se lo va matar,
_callaté sotreta que si lo agarra mi barón te lo achura en dos mordiscos
no hubieron mas palabras pero las miradas que se cruzaron dijeron de un odio entrañable que comenzaba a nacer , uno invitaba al truco, el otro a la brisca, uno chupaba ginebra, el otro aguardiente , en la mañana el che Osvaldo mate, el Alfredo un pavo de harina. evitaban encontrarse porque las miradas decían todo la peonada nunca entendió las razones de ese odio ,_ huincas locos mejor qui no se miren siquera

Todo era competencia cuando la faena se traslado a Icalma las cuadrillas quedaron a la par solo un tramo de bosque los separaba se podía ver como azuzaban uno a otro. _apúrense indios guehones que si ese guata verde acarrea mas trozos que nosotros van a ver lo que soy yo
_metalé ñancucheo apúrele alacha que ese chileno comeñaco no me va a ganar

Así transcurrían los días y los días, los hacheros tiraban abajo, coigues, mañios, robles que enseguida la cuadrilla, limpiaba de ramas, cortaba en trozos y los enganchaba a una yunta bueyes que con fuerza pero con calma, los bajaban hasta la costa de la laguna de Icalma donde eran remolcados por un destartalado vaporcito, hasta el banco aserradero en la costa occidental de la laguna.
Allí el ajetreo de las calderas y los hombres sacando los trozos del agua y llevándolos a tiro de buey, adonde dos rieles, hechos con troncos de dura madera, recibían la carga y transversalmente, eran apilados sobre ellos, en espera de su turno cuando dos ayudantes, munidos de sendas barretas, acercaban los trozos hasta la gigantesca rueda dentada, donde se transformaban en basas, esto consistía en cuadrarlas sacando una lonja de corteza por cada lado, hasta lograr un poste parejito por sus cuatro costados.
En el lugar otros tres hombres, operaban el banco y dos mas para mantener el vapor de la caldera,
El ingeniero un italiano rubio y alto, calzado con pantalones de montar y unas botas de caña alta y mirada fría y azulina, mantenía a todo el equipo trabajando ,a su lado dos jóvenes aprendices lima en mano afilaban los numerosos dientes intercambiables de la gran cierra circular, herramienta principal de banco aserradero . Aldo Llametti de la piamontesa frontera norte de Italia llego a Chile entreverado con unos pioneros alemanes de Baviera a instalarse cerca de Valdivia . Donde una robusta frolain lo mantuvo bien alimentado y bien amado hasta que los kilos demás y el exceso de amor hicieron peligrar su sed de aventura, esa madrugada armo su equipaje y enfilo para la cordillera
El ingeniero no era como los demás italianos llegados del sur moreno de la península que llegaban por miles a hacer la América .Este tano era distinto autoritario y acostumbrado a mandar. A veces se lo veía entrar al bosque con su escopeta de doble caño de alambre y regresar al tiempo con algunas perdices, o en los juncos de la laguna donde siempre algún pato silvestre trataba infructuosamente de pasar desapercibido de la mirada azul y fría del cazador.

Algunas mujeres y los niños que podían se esforzaban en juntar los sobrantes de la faena, las cortezas, transformadas en cantoneras eran sumamente apreciadas para la construcción de los campamentos, donde las compañeras que osaban seguir a sus hombres a la montaña, cocinaban y lavaban ropas, en el río que nacía de la laguna.

Este saludable ajetreo, no paraba en todo el verano, única época del año donde la nieve y el hielo permitían esta labor, solo un día todos , moros y cristiano, apagaban la caldera. Y la faena quedaba desierta .Ese día único, los mas viejos esos que ya no podían trabajar contaban a los niños la historia de :

Unos baquianos que años atrás en un azaroso viaje a través de la cordillera transportaban desde Yumbel, una replica de San Sebastián, con destino al entonces territorio del Neuquen, en las altas cumbres nunca se puede asegurar nada sobre el clima, cuando el cielo se encapota las cimas del los volcanes, se cubren de nubes, y se larga la nevason, aún en pleno enero, el viento blanco puede desorientar el mas baquiano y ese día el cielo se cerro, como nunca antes se había visto la tormenta aullaba y las boscosas cumbres andinas, eran paredones infranqueables vestidos de verde y blanco los hombres no sabían donde buscar refugio, hasta que una extraña luz se encendió en su camino, la siguieron hasta una gruta, donde encontraron reparo y al fondo de la cueva la imagen de santo los esperaba con su rostro dolido y sangrante.

Cada veinte de Enero la faena se paraba, en Lonquimay desde distintos caminos convergían largas procesiones de penitentes a pagar su manda , después del emotivo servicio comenzaba la fiesta .
Los días anteriores caravanas, llegaban de todas direcciones al lugar. chicha de manzana desde el lejano Carahue, vinos pipeños y filtrados desde Quillon. y de ilegal contrabando, el apreciado aguardiente de la provincia de Concepción.
Del lado argentino , caña quemada , porrones de ginebra , algún que otro arreo de vaquitas gorditas y misteriosas ,
Todo era fiesta y alegrías cuecas y zambas aunque en estas latitudes los trasandinos preferían la milonga campera , igual se entonaban cuecas cuyanas ¡¡¡dos puntas tiene el camino y en las dos alguien me aguarda!!
En este ambiente de jolgorio solo dos hombres rumiaban su odio inexplicable el che Osvaldo y el viejo Alfredo. con varias copas demás, de caña y aguardiente, se encontraron en una ramada.
Allí el che Osvaldo se empecinaba en que una china lo acompañara a una milonga ella se reía colorada, y le decía
__ quédese sentado mijito aquí a mi ladito . presentía que sobre el pecho de colorado ese invierno no seria tan duro , toda esta escena tenia a un espectador privilegiado, desde la mesa de enfrente, el porteño rumiaba su soledad, con un cigarrito armado y aguardiente doble.
El colorado perdió su mano entra las polleras de la china y un gritito corto acompañado de un gemido, sonrojaron mas aun las mejillas de china, el che con un gesto de apremio la agarro de la mano y enfilo para afuera.
_pa donde marcha el amigo. Le increpo el viejo parado medio a medio de la entrada
_y vos que carajo te importa le respondió el Osvaldo
un silencio de muerte invadió el lugar los músicos se callaron
todas la miradas se dirigieron a la entrada
_cuando estuve por las argentinas a mi me dijeron ¡¡lo que esta en la argentina es de los argentinos ¡! Yo digo ahora lo que esta en Chile es de los chilenos!!!
__¡¡salí de mi camino junagran siete que te via enseñar modales!! , soltando a la china, pelo un facón de mas de treinta centímetros, que llevaba a la espalda, en su vaina de plata, aprisionado por una ristra de cuero overo, tachonada de monedas también de plata ,
un poncho fino rojo y salteño, salió a flamear y se envolvió en el brazo izquierdo del gaucho,

De la colorida faja del Alfredo salió a brillar la temible hoja de un corvo
se envolvió la mano libre con su manta y como un gallo de pelea dio un paso atrás y dijo
_¡¡modales me enseño mi mamita; que Dios la tenga en su gloria, que me vai a enseñar tu argentino rechucha de tu maire!!

El facón silbo en el aire marcando una parábola a la altura del rostro del viejo este echo el cuerpo para atrás y como no queriendo la cosa el corvo como si tuviera vida propia despego de abajo hacia arriba con tal violencia que si cruzaban una basa seguro que la partía, en otra oportunidades los asistentes a la ramada hubieran aleonado a los contrincantes pero esta vez se veía que no seria a primera sangre esto pintaba para un mal final
Tres o cuatro entreveros dejaron a los dos contrincantes tajeados, las hojas de los cuchillos arrancaban jirones de tela y sangre, que se confundía en un mismo rojo espeso y oscuro , que lo único que hacia enfurecer mas a los hombres.
No volaba una mosca en el lugar solo el metálico chocar de las filosas hojas herían al silencio, los bufidos de estos dos animales, se entrecortaban solo con insultos
.
_Chileno hijo de puta esto no queda así te via matar de esta no te salvas

_ cállate y pelea guehon soi como toos che pura boca nomás

_la jeta te via cortar paque aprendás a respetar a un gaucho

_a vos te voy respetar guata verde conchas de tu maire

Y los filos de metal seguían su tarea de matar y les puedo asegurar que sabían bien lo que hacían,; ambos hombres solo eran marionetas manejadas por el odio , cuyas cuerdas se cortaban a cada cuchillada
La sangre corría por los cuerpos de ambos contrincantes; no se bien cuanto duro la pelea, pero algunos costrones coagulados florecieron en ellos,
De pronto en un cruce mortal el facón encontró el pecho ancho y profundo del chileno quien en un ultimo golpe, que venia desde mas allá de muerte, abrió un surco profundo en el cuello de su oponente.
Así heridos de muerte los dos se desplomaron sus cuerdas cortada sus rostros pálidos, anémicos, mortales, pero llenos de odio ancestral no dejaban de mirarse, y mientras los sacaban de la ramada agonizantes se podía escuchar

_chileno hijo de puta déjenme que lo quiero achurar

__argentino chuchas de tu maire suéltenme que lo voy a matar .

Hoy en este puesto fronterizo, puedo ver el hito que marca el limite de las dos naciones, a su lado un cristo crucificado reza esta inscripción “se derrumbaran estas montañas antes que chilenos y argentinos rompan la paz jurada a los pies del cristo redentor”
Mas abajo dos cruces una al lado de la otra con una leyenda tallada por un italiano de mirada azul y fría dice .
“ Como hermanos unidos para siempre por la muerte”

Y yo puedo ver entre las nubes de una tormenta que se aproxima, la sonrisa cómplice, del José Cariman .el Lafquenche.

Fin.

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desde niño contar historias me ayudaron a mostrar que pasaba en mi entorno paro los tiempos de las juntas militares me entregaron en la metafora la forma de expresarme sin temor (los cascos impiden el entendimiento)

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