EL JUANO LLEGO A NEUQUEN
Esa tarde el juano se bajo del colectivo que tras 22 horas de viaje, lo había traído de su Carahue natal hasta “Las Argentinas”. su concepto de belleza estaba desorientado, después de atravesar tantos paisajes, de Carahue hasta Temuco, la sala de espera hasta las 2 de la mañana con otras personas , familias enteras con sus fardos de frazadas y maletas de esperanza, de allí a enfilar hacia la cordillera, entre bosques de lengas, coigues y robles, helechos gigantes y caña colihue, esperar el ferry en puerto Fuy, para cruzar el lago Pirihueico hasta Hua hum, el único paso abierto en el invierno. Los carahuinos que habían cruzado la cordillera en el verano, habían vuelto tostaditos y rozagantes de salud contando maravillas de una ciudad llamada “Neuquen”, de cómo peones y patrones compartían el asado en una misma mesa, de la abundancia de trabajo, y de cómo querían en las chacras a los chilenitos ¡¡ por lo laburadores viste ¡¡Al Juan, se le lleno la cabeza de sueños, ¡¡Neuquen ...Neuquen!!.....retumbaba su cerebro...... _ ¡¡me voy pa” “Las Argentinas”_ le dijo a su polola la Maria _¡pa” que te vay a ir tan lejos, quien sabe que te valla a pasar por allá, ¡¡quédate mejor y nos la rebuscamos aquí no mas ¡!.Pero en la mirada del Juan, un brillo de aventuras y ambición, le decía que ya no la escuchaba. _¡¡Espérame Maria!! que voy a volver con plata, pa” comprarnos una hitaria de tierra, pa” que hagamos la casita y la llenemos de chiquillos. _¡¡Espérame María que voy a volver!!__ gritaba el Juan por la ventanilla del micro cargado de canastos de pescados y de gallinas que asomaban sus cogotes, en el porta equipaje del techo del micro.
En esas cavilaciones estaba cuando el gendarme de la aduana le dijo _ “¡¡abra su bolso señor!!”_ El chileno lo abrió, y comenzó a sacar de el, un martillo, un serrucho, el taladro y el galopin(cepillo para maderas)Todas sus herramientas y sus dos únicas mudas de ropa, el gendarme lo miro severo y le pregunto _“¿y en calidad de que viene usted?” Al muchacho le habían dicho que si decía que venia por trabajo, lo podían devolver, después de un silencio que a todos les pareció eterno, el Juan logro sacar la voz y respondió con segura convicción _ “¡¡de turista señor..... de turista!!”Aquél gaucho correntino al que la institución lo mando a estos parajes andinos, le asomo una sonrisa y a su memoria vinieron, las historias del abuelo, aquél paisano de bombachas y alpargatas venido de la península a hacer “la América”, .... le dijo al chileno, _ “bueno guardá tus cosas, aquí tenés una visa por 90 días, ¡¡disfruta tus vacaciones!!”. Esa tarde, surgió una ciudad blanca en medio de kilómetros y kilómetros de tanta soledad, que al Juan le parecía, como si hubiera atravesado medio mundo para llegar, descubrió Zapala, blanca como si el sol hubiera calentado agua de mar ,pero harta, agua de mar y la sal se hubiera solidificado con las formas de una ciudad extendida a los pies del cerro Michacheo De allí en adelante sintió que el tiempo, se quedaba detenido en medio de la pampa árida y soleada, de vez en cuando unas torres de perforación, daban la única certeza de que el colectivo estaba en movimiento, y las mulitas que bombeaban petróleo, según escucho en las conversaciones de los pasajeros, y pensó “puchas que son ricos estos argentinos si hasta petrolio tienen y tanta tierra iñor tanta tierra si con un poco di agua nomás , las papas que saldrían” El tiempo y la distancia se eternizaban , pero de pronto, tal como comenzó, el desierto, desapareció, Cambiado de repente en verdes frutales y canales de riego, estaban en Arroyito . Senillosa, Plotier, pasaron como una exhalación por su ventana y así lo encontró el atardecer con un viento amigo que venia del oeste y al pasar por su lado le decía al oído ¡ ¡¡bienvenido Juan,.... bienvenido!! En su cabeza, solo resonaba la palabra encantada ¡¡Neuquen...Neuquen!!
Los años pasaron, demás esta decir que el Juan nunca regreso a su tierra natal, la Maria, seducida por sus cartas, una tarde de ese mismo año, conoció al Limay y al beber de sus aguas, descubrió las piedras en el fondo del rió , y se enamoro su hectárea, se transformo en un fecundo huerto, donde la tierra y su mujer, fueron floreciendo con amor y trabajo. En su olla nunca falto el puchero, y a sus hijos le enseño a ganarse el pan dignamente, Los educo no sin esfuerzo, uno le salió contador, otra maestra, los demás formaron sus familias también forjadas en el trabajo honrado. Este año cuando la ciudad cumpla su centenario, el Juano enterara cuarenta años en ella, seguro lo acompañaran sus hijos, nietos y bisnietos, todos ellos neuquinos y orgullosos de esta tierra. Al chileno a veces le pincha el corazón una nostalgia, entonces cierra los ojos y puede escuchar al viento decirle..... ¡¡¡ bienvenido Juan,..... bienvenido!!!







